Los tiempos actuales presentan turbulencia y cambios en el sector agroalimentario, caracterizado por la alta volatilidad en los precios de los alimentos, acentuados por una crisis sanitaria de magnitud global, con restricciones al comercio por temas bélicos, lo cual impacta en crisis económicas, financieras y de abasto, que amenazan no sólo a los mercados, sino también a la propia estabilidad social de las regiones. Si bien estas crisis plantean nuevos retos, a la vez vislumbran nuevas oportunidades.
Ahora bien, es conveniente considerar que en el desarrollo agropecuario, pesquero y forestal existe gran disparidad entre las regiones, mientras algunas se sitúan entre las más avanzadas en términos de su desarrollo agropecuario y son importantes actores en el mercado mundial de alimentos, otras son importadoras netas y muestran bajos niveles de desarrollo mundial. Por lo tanto, las tendencias globales en agronegocios las afectarán de forma diferenciada, más aun, al interior de las diferentes regiones el grado de desarrollo de las empresas no es iguales y su respuesta, por lo tanto, a los cambios puede ser también diferente.
La concentración es un signo de estos tiempos, sobre todo a nivel agroindustrial, esta tendencia incluso rebasa las fronteras nacionales.
En este escenario el mundo de los agronegocios evoluciona. Diversas fuerzas imponen cambios a los sistemas agroindustriales: globalización e internacionalización de los mercados, revolución en las comunicaciones y logística, innovación y cambio tecnológico, nuevos actores estratégicos, nuevo contexto competitivo y cambios en los patrones de consumo.
Estas fuerzas imponen cambios en la manera de hacer negocios, cambios que nos llevan a plantear nuevos modelos de negocio.
Las nuevas tendencias en el consumo
Los consumidores evolucionan y de su comportamiento se van obteniendo pautas de consumo que marcan tendencias. Estas deben ser estudiadas e interpretadas para ir adaptando las producciones a los cambios (concepto reactivo) y si es posible, anticiparse a los posibles futuros comportamientos “leyendo” las tendencias del consumo (concepto proactivo).
En el mercado de los alimentos, que componen sin duda una importante parte de los usos y aplicaciones de las producciones agropecuarias, se observan, en términos generales las siguientes tendencias en los hábitos de consumo:
- Consideración creciente de la salud alimentaria (alimentos “sanos”, sin aditivos o bien con bajos contenidos de calorías o de colesterol).
- Comportamientos que contemplan la seguridad alimentaria (productos inocuos, no tóxicos).
- Crecimiento del consumo de alimentos que reducen el tiempo de elaboración de las comidas (comidas preparadas, productos congelados, alimentos precocidos o de rápida preparación).
- Mayor consumo de productos percibidos como “naturales”.
- Productos “frescos”.
- Mayor interés por parte de los consumidores en conocer los métodos o procesos de elaboración
- Más interés y consideración en saber el origen de los productos.
- Identificación de claros segmentos de consumidores exigentes, que valoran más la calidad que la cantidad.
- Crecimiento de consumo de productos alimenticios con características que beneficien la salud.
- Estas tendencias no implican ignorar la existencia de mercados que siguen demandando productos más tradicionales, mas “comoditizados”.
Hoy más que nunca, los consumidores se preocupan por mejorar su salud y están convencidos de que la alimentación es uno de los elementos esenciales para lograrlo. Este hecho ha favorecido el desarrollo y la consolidación de los productos llamados “funcionales”, que se definen como aquellos alimentos a los que se les atribuye algún beneficio específico para mejorar la capacidad física o la salud mental de los consumidores.
La familiarización del consumidor con el concepto de inocuidad de los alimentos ha experimentado un dramático aumento en la última década. Casos de contaminación de alimentos con toxinas, sustancias químicas y microorganismos patógenos han trascendido fronteras, afectado el comercio y las exportaciones de agroproductos y sus derivados a escala mundial.
El interés por mejorar la inocuidad de los alimentos empezó indirectamente con el desarrollo de alimentos con mayor vida útil. Al incrementarse el tiempo de duración en anaquel, indirectamente se controlaba el crecimiento de ciertos microorganismos. Sin embargo, los nuevos productos muchas veces han sido responsables de introducir peligros de inocuidad relacionadas con las técnicas de preservación y procesamiento intensivo.
Ahora es más acentuada la conveniencia (comidas preparadas, productos congelados, alimentos precocidos o de rápida preparación) para los consumidores, lo que inició como una tendencia para satisfacer el acelerado estilo de vida, principalmente de las poblaciones urbanas, en la actualidad se ha convertido en un elemento básico de éxito para la mayoría de productos alimenticios procesados. Debido a la consolidación de los procesos de urbanización, el aumento en el número de hogares donde ambos cónyuges trabajan, el crecimiento de viviendas con sólo una cabeza de familia y la necesidad de contar con mayor tiempo libre, la demanda por ese tipo de productos se ha consolidado y seguirá constituyendo una de las tendencias más importantes en el futuro. El reto continuará siendo no sólo ofrecer alimentos que se preparen rápidamente en el hogar, sino que al mismo tiempo tengan un sabor casero y “fresco”, mientras perdure la memoria, y además que sean saludables y cumplan con los más altos requisitos de calidad e inocuidad
Este deseo va más allá de la simple información nutricional que se presenta tradicionalmente en las etiquetas de los alimentos procesados. Actualmente, los consumidores demandan conocer los procesos, la historia, trayectoria del producto y de todos aquellos que intervinieron en su transformación, incluidas las fábricas, los transportes, los sistemas de calidad y de aseguramiento de la inocuidad empleados, el tipo de empaque utilizado y el impacto ambiental de los procesos y envases, por nombrar algunos de estos aspectos. Estas preocupaciones son recogidas por las empresas y gobiernos en todos los niveles, lo que ha generado la instrumentación de legislaciones, mecanismos y nuevos códigos de comportamiento y responsabilidad social y ambiental, que permiten responder a estas demandas de los consumidores.